Estaba sin palabras, escuchaba su voz diciendo verdades y pensaba "no tengo las palabras". Miraba los rostros de sus justiciadores y sus rostros no sabían qué decir.
Mi amigo estaba allí, escuchando como se le informaba que era despedido, derramaba sus lágrimas de pena, no de rabia, de pena, pena de alguien que había intentado ser un aporte y que había amado a sus alumnos y a quienes éramos sus amigos.
A mi mente venían los recuerdos, recuerdos de cuando nos conocimos y no podía encontrar el momento porque me parecía que lo conocía de otras vidas. Recordé cuando me enseñó a "observar", uno de los verbos más olvidados hoy por hoy. Recordé cuando me enseñó a hacerme responsable por lo que provocaba en los otros, a no pensar que si una clase no funcionaba era porque algo pasaba con ellos, sino que tampoco funcionaba algo conmigo. Recordé como me enseñó a vincularme con "el otro", a entender que los alumnos eran personas de menor edad, pero personas igual que uno. Me enseñó que yo era una persona y no una "profesora" porque parece que a veces los títulos o los cargos no nos dejan que aflore lo verdadero. Me enseñó esa frase gestálquica de "figura y fondo", y desde entonces en mis clases mis niños dejaron de ser un "fondo escuchante" y comenzaron a transformarse en "figuras participantes y vivientes". Me enseñó que uno debe estar "presente" de cuerpo y espíritu en un lugar para que realmente se produzca un aprendizaje significativo. Me enseñó a "estar", donde quisiera estar y, como dice la descripción de mi blog a "amar lo que quisiera amar". Recordé que el encontrarse con él era reír, reír de la esquizofrenia de esta vida, de reconocerla para no caer en ella, era leer un buen libro, era escribir una frase en una muralla para ver si alguien la capturaba. Me enseñó a intervenir los espacios, llenos de vacío.
Hoy lloré cuando no debía llorar, mientras él hablaba y decía verdades dolorosas, lloré por lo que perdemos todos los que le queremos y nos nutríamos de su espíritu...lloré y se suponía que yo debía ser la fuerte, lloré por todos los que no se dieron el tiempo de conocerle, porque nos faltó más tiempo, porque no son muchas las personas que se atreven a cambiar y a decir una verdad, lloré porque ganó el miedo, ese miedo que paraliza y que doloriza, lloré porque era mi amigo el que a mi lado derramaba unas lágrimas en esta situación esquizofrénica en la que te reconocen lo bien que lo haz hecho, pero finalmente te echan.
Finalmente y frente a ellos, le dije "Amigo, del 20% que te aprovecharon, hubo otros que tomamos el 80% y lo hicimos parte nuestra".
Las estructuras son temerosas, y es ese miedo el que no nos permite avanzar y evolucionar, pero sin duda la revolución de los sentidos, la de la intuición, la de la valoración por el otro, la de observar y escuchar, la de tolerar, es decir, interesarme por el punto de vista del otro y no simplemente dejarle hablar...esa revolución es inminente y va creciendo.
Creo que uno no debe pasar por esta vida, creo que "hay que dejar blancos", hay que trascender.
Dejo este video "la edad del cielo" de Jorge Drexler, que me trae mucha paz